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Representaciones litúrgicas y muerte del toro: La Semana Santa

07 Abr

La Semana Santa, como conmemoración cristiana, queda en entredicho porque contraviene el carácter mismo de la religiosidad de la que debe ir acompañada.

El dolor que se plasma en las procesiones y en sus discípulos no es un dolor real sino simulado. Los más fieles seguidores lloran ante imágenes bailonas, se dejan romper las espaldas bajo el yugo de los pasos, cantan saetas que desgarran sus gargantas en llanto. Los más fieles, ritualizan el acto de la Cuaresma y lo convierten en una acción de penitencia evitando, en esos días, no comer la carne roja que deboran en cuanto finaliza el castigo de abstinencia que se les ha impuesto.

Eyragues

Pero no se entiende que bajo tanto sofoco y lloro y lágrimas vertidas, y tanto dolor sea una de las épocas del año en la que más toros se torturen y maten. Así, embriagados de vino e incienso, esos mismos fieles que lloraban a la Virgen y al Cristo, sueltan las cruces y los rosarios y torturan a un animal que desconoce por completo la suerte que va a correr. Esos mismos que han padecido llagas en los pies por venerar una imagen religiosa, se han convertido en sádicas criaturas que, lejos de acercarse a la idiosincrasia de la Semana Santa, se alejan de ella con el derramamiento de sangre de unos animales asustados, de unos animales que tiemblan al oír el tañir de los tambores y el desafine de las cornetas porque sospechan que algo malo se les viene encima.

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¡Qué dolor debe sentir ese Cristo, al ver que el diablo y el vino se apodera de los embriagados fieles! ¡Qué dolor debe sentir su Cristo, al ver que al final, esa conmemoración en su nombre está plagiada con la corrupción de los adinerados y la avaricia de la Iglesia! No es a él al que crucifican, es el toro el que muere en su lugar. Son los cientos de toros que torturan en esos días en las plazas y en las calles de esos municipios hambrientos de torrijas y sedientos de sangre.

Y en la arena, junto al toro que sí sufre, los llorones dejan de derramar sus lágrimas y ríen iracunda y estúpidamente viendo cómo un ser va a dar su vida para el disfrute de ellos. Y se olvidan del Cristo y de la Virgen, del incienso y del dolor de espalda. ¡Ay, dolor!

Si esto es ser cristiano, yo presento la apostasía.

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